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Creer Y Vencer

Las adversidades que nos presenta la vida condicionan de manera definitiva nuestra actitud hacia ella. Nuestras actitudes, a la vez, influyen de manera determinante en nuestra forma de encarar la rutina diaria. Esta es una dinámica ineludible del vivir y no existe posibilidad alguna de evadirla. Solo queda aprender a desenvolverse en este "juego" donde las reglas han sido establecidas desde siempre: o salimos victoriosos del proceso o el proceso nos derrota.

La vida misma ha demostrado que las únicas personas que salen siempre airosas al enfrentar las continuas y duras adversidades que presenta la existencia son los Creyentes. Sólo las personas que "creen" pueden superar con ventaja las pruebas. Los incrédulos son víctimas permanentes de esta dinámica impiadosa.

Conceptualmente el "Creyente" no solo está asociado a un dogma o a una doctrina. El creyente, como el término mismo lo indica, es la persona que "cree" en algo. Si bien es cierto que el carácter de este "algo" fortalece, o no, la propia creencia, su sola existencia habilita una participación ventajosa en el proceso.

¡No Tenga Miedo A Perder!

Entre los motivos más importantes de tribulación que tienen las personas se encuentra el poderoso "temor a perder".

Este es un factor recurrente como causa de parálisis para enfrentar tanto las oportunidades como las adversidades que presenta la vida. No son pocas las personas que tienen una existencia limitada y mediocre solamente por el miedo que les representa hacer cualquier cosa que involucre riesgo de perder algo. Estos seres acuden a un equivocado sentido de la seguridad y se refugian en la inacción y en un sentido tan conservador de la vida que incluso atenta contra la dinámica natural de las cosas. Y por supuesto nada positivo emerge de enfrentarse a la naturaleza de las cosas: porque la vida es en esencia cambio dinámico, transformación, lucha. Entender que las cosas pueden ser de otra manera por efecto de nuestros temores es absurdo. El miedo, en realidad, cuando constituye huésped permanente de nuestro carácter origina una espiral interminable de zozobra, ausencia de paz y fracaso.